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« Respuesta #49 : Abril 25, 2010, 04:30:27 pm » |
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La palabra “incesante” se me aparece con vocación de eternidad. Cuando este adjetivo acompaña a un nombre, lo transforma en un sujeto que nunca deja de existir, nunca deja de ser. Además, este no dejar de ser se convierte en un continuo movimiento, no se trata de un objeto inmóvil que ya terminó su acción al manifestar su naturaleza, sino que permanentemente lleva dentro de sí la voluntad de vivir.
Su antónimo, por tanto, podría definirse como la expresión de la voluntad constante e infinita de “dejar de ser”, de transformar la naturaleza de un sujeto en lo contrario de lo que es. Para mí la palabra que mejor define este concepto es “cesante”.
De esta manera, si decimos de algo que es cesante, estamos expresando un estado permanente de degradación que nunca acaba; no es algo que ya dejó de ser y terminó por transmutarse en su contrario, sino que este proceso, haciéndose infinito, viene a convertirse en la auténtica naturaleza del nombre adjetivado.
Explicado esto, creo que manifiesto el auténtico significado de los versos que transcribo a continuación y que muchos habréis comprendido sin necesidad de tanta justificación.
¡Cómo me apena ver Los desolados muros De la ínsula errante!
¡Qué tristeza mirar Sus solares sin vida, Sus desiertos sin aire!
¡Cómo duele observar Atenazados, mudos, Ciegos, sus habitantes!
Y pensar que una vez Fue vergel, paraíso Y fructífero valle.
Ha pasado de ser Una ínsula errante A una isla cesante.
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